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La Galerna

·4 de abril de 2025

Fran González y el síndrome Andrew Ridgeley

Imagen del artículo:Fran González y el síndrome Andrew Ridgeley

Buenos días, estimado lector. Permítame por favor comenzar este Portanálisis con un poco de historia. El 7 de febrero de 2018, la Voz de Galicia, entre otros medios, dio una noticia contenida en uno de mis diarios de cabecera. En ella, se relataba que un conductor de Vigo que fue objeto de un control de tráfico, había dado positivo por todas las drogas que detectaba el test que se le practicó. Desconozco si existe el carnet de conducir para personas jurídicas, pero, de haberlo, el Fútbol Club Barcelona parece estar siguiendo la estela del vecino vigués protagonista de la pieza referida en su bingo particular consistente en tachar las casillas correspondientes a todos los artículos del Código Penal.

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El diario Marca, el de todas las aficiones (risas enlatadas), abre su cabecera con Fran González, tercer portero del Real Madrid, estirándose hasta donde se lo permite su anatomía. La imagen es de un paradón, pero habrá que ver dónde cae ese despeje. El motivo para ilustrar de esa manera su frontispicio es que las molestias que padecen Courtois y Lunin provocan que el favorito para ocupar la portería del Real Madrid en su partido contra el Valencia sea el propio Fran. Es cuestionable el uso de los puntos suspensivos en ese “Calienta… que sales”, pues, en opinión de quien esto escribe, muy bien podrían ser reemplazados por la tradicional e infravalorada coma, de manera que quedaría “Calienta, que sales”. Mucho mejor, ¿verdad?


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De manera marginal se refiere el bajo momento de Griezmann en el equipo de las derrotas de Schrödinger. Según su entrenador, pierde, pero no pierde. Cuesta verlo, pues está impreso en un tamaño comparable al espacio que consagra el Atlético de Madrid en su sala de trofeos a todas las Champions que han ganado. En dimensiones semejantes se glosa la cacicada del CSD y su, no por esperada menos injusta, resolución sobre el llamado Caso Olmo.

En este momento permítanme acordarme del pobre Pau Víctor. Está en una tesitura idéntica a la de Olmo, pero su trascendencia mediática es comparable a la deportiva. Muy bien podría decirse que está padeciendo el síndrome de Andrew Ridgeley. Busque, busque usted quién es ese ciudadano y comprenderá la referencia.

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Pasamos a As, el diario prisaico. Su portada pivota en torno a Mbappé, que, pese a su gesto de “aquí estoy yo”, tiene cara de estar leyendo la resolución del CSD, y Lamine Yamal, qué jugador, que, qué coincidencia, tiene el mismo semblante que cualquier directivo de su club cuando le llega una citación judicial o le es imputado un delito. Parece estar estudiando algo con atención, pero realmente está pensando en un mono de juguete que toca los platillos, es decir, que le da absolutamente igual. No mienta usted, querido lector, que también ha adoptado ese gesto cuando le cuentan algo que no le interesa nada. Hay pequeñas menciones al asunto de la portería del Real Madrid y el mencionado Fran González, y al desplome del equipo entrenado por un cheerleader vestido de enterrador, por mucho que el miércoles luciera un chándal gris de igualmente dudoso gusto.

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En un ejercicio de estoicismo, vamos a echar un ojo a las cabeceras cataculés. El Mundo Deportivo, diario del Conde de Godó, Grande de España, habla de un baño de euforia mientras muchos de sus jugadores comparten una mini piscina en gesto de celebración, como si hubieran ganado algo. Han eliminado a su filial vergonzante y pasado a la final del trofeo al que llaman chupito cuando no lo ganan. ¿Justifica eso el festejo en una pose digna de un de turista inglés en Magaluf? Tampoco dejan de congratularse por la sorpresiva resolución del CSD sobre Olmo. Allá cada uno con lo que celebra.

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Acabamos con el Sport. Aparece Joan Laporta estrechando la mano al hombre invisible, mientras Hansi I de Barcelona “el Orgulloso” sonríe complacido. Debe ser quien los ha presentado. “Laporta, rendido a Flick” enuncia el texto principal.

Comprensible. El Barcelona está haciendo una buena temporada y es normal que, agradecidos, se planteen, con el fin de armar un equipo invencible, poner a su disposición la totalidad de los recursos del club. Esto implicará no sólo la potestad absoluta para decidir altas y bajas en la plantilla, sino poder disponer de los recursos tradicionales con que cuenta el Barcelona históricamente, desde el CTA al que pagaron durante casi 20 años y el VAR que controla Tatxo Benet, hasta las resoluciones del CSD o las recalificaciones concedidas por un dictador al se enfrentaron valientemente hasta el punto de retirarle, cuarenta años después de su fallecimiento, las tres insignias de oro y brillantes que le concedieron.

Que tiemblen España, Europa, el planeta y el sistema solar.

Pasad un excelente día, y cuidado con las carteras.

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