
La Galerna
·2 avril 2025
Sospechosos habituales

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·2 avril 2025
No me resulta tarea sencilla hallar las palabras adecuadas en el amplio diccionario español para expresar como merece el hastío que me produce desde hace tiempo este mal llamado deporte que es el fútbol español.
Aburre a los que llevamos ayunando de justicia desde que tenemos uso de razón por imposición absolutista de los dirigentes del fútbol patrio y ofusca doblemente a los que fuimos dotados de la fortuna de convertir al Real Madrid en nuestra religión deportiva, condenados, imagino, hasta la eternidad a contemplar a nuestro equipo atado a una roca mientras los buitres que pueblan nuestro deporte rey luchan entre sí por picar, aunque sea una migaja, de unas entrañas que sentimos nuestras. ¿El pecado del club? Mostrar al resto de equipos, aficionados y periodistas el fuego que ilumina el pozo de inmundicia que es el fútbol español y los estamentos que lo componen y lo sostienen.
¿El pecado del Madrid? Mostrar al resto de equipos, aficionados y periodistas el fuego que ilumina el pozo de inmundicia que es el fútbol español y los estamentos que lo componen y lo sostienen
Desde la personación del Real Madrid en el caso Negreira y su carta a la federación clamando contra los arbitrajes maliciosamente perpetrados contra los blancos, el equipo no ha dejado de sufrir los furibundos envites del resto del país (fuera de él aún gozamos de la admiración que despierta un equipo de nuestra grandeza), recibiendo una lluvia de críticas injustificadas por acciones o inacciones que ni siquiera son atribuibles hacia nuestro club.
Como en la película de Bryan Singer, contamos con una lista de sospechosos habituales que llevan años destrozando lo poco que queda de este deporte pero, al contrario de lo ocurre en el film de los noventa, aquí no hay giro final ni trampa ni cartón.
En el fútbol español no existe un Verbal Kint oculto tras la sombra ficticia de Keyser Söze. No hay necesidad. El Barcelona ya no se molesta en tratar de engañar a nadie con sus fechorías, pues sabe que cuenta con el beneplácito del resto de sospechosos que actúan en calidad de cómplices permitiéndoles campar a sus anchas por el fútbol español cometiendo cuántas ilegalidades se le antojen en cada momento a su presidente Joan Laporta.
La última conocida ha sido la falsa palanca que permitió inscribir diez días fuera de plazo a Dani Olmo y Pau Víctor tras ser rechazada por liga y federación pero aceptada por el CSD tras el recurso presentado por el club blaugrana. De los supuestos 100 millones de euros que había obtenido el club negreiro por la venta de los palcos VIP a empresas de dudosa procedencia, sólo aparecieron 58. El propio Barcelona ya ha borrado la operación de sus registros oficiales y, como con este club lo que hay que aplicar es la presunción de culpabilidad, no deberíamos extrañarnos si en las próximas semanas nos enteramos de que dicho dinero vuelve a su lugar de origen (el empresario moldavo Ruslan Bîrladeanu) convirtiéndose en lo que muchos sospechamos que no es más que un préstamo encubierto.
El Barcelona ya no se molesta en tratar de engañar a nadie con sus fechorías, pues sabe que cuenta con el beneplácito del resto de sospechosos que actúan en calidad de cómplices
El concepto de préstamo encubierto es en sí otro sospechoso habitual, pues el que realizó en 2022 “comprando” el 24,5% de Barça Estudios por otros 100 millones de euros permitió la inscripción de jugadores como Lewandowski, Koundé, Raphinha, Pablo Torre, Christensen, Bellerín o Marcos Alonso, varios de ellos clave en la consecución de la liga ganada en 2023. La realidad, revelada un año más tarde por un risueño Roures, fue que él sólo puso 10 millones que además recuperó posteriormente, como se le escapó a Laporta en una de sus múltiples metidas de pata con micrófono delante. En un país sano, cualquiera de estos dos préstamos encubiertos hubieran supuesto la descalificación del Barcelona de la competición. En España, aún se aplaude aquella liga del Negreira y se aplaudirá con más ganas la liga que ganarán de nuevo este año con gol de Dani Olmo. Lejos de preguntarse si el Barcelona o el propio Olmo deberían estar participando, alabarán el juego de Flick y criticarán la desidia del Madrid por no haber competido correctamente este fraude de competición mientras el presidente de la misma, Javier Tebas, lejos de impartir justicia, se ensañará con Ancelotti por su política de rotaciones.
El mal endémico que asola a este país va desde el periodismo hasta el propio Gobierno, pasando por los Carlos Martínez, Maldinis y demás personajes que tan bien conocerán ya ustedes y que, en lugar de dedicarse a la profesión que supuestamente ocupan e investigar e informar de cada trasgresión que realiza el club blaugrana, se limitan a omitir detalles, y endulzar la imagen del equipo barcelonés alabando cualquier aspecto del juego y evitando proferir crítica alguna hacia dicho club, ya que las reprobaciones están reservadas para el club que habita en Concha Espina, constituyendo desde hace tiempo y desde la mayor parte de los medios de comunicación un equipo de opinión sincronizada dedicado exclusivamente a la divulgación del manido relato.
No es cuestión de meter en esta ecuación al arbitraje, pues al fin y al cabo el CTA se limita a defender los intereses de su pagador, y desde La Galerna comprendemos perfectamente cómo funciona la relación comercial de obras y servicios entre pagador y pagado.
Sin embargo, sí que resulta exasperante que incluso cuando todas las demás patas fallen aparezca la figura de un Gobierno que nunca ha permitido que el Barcelona caiga. Desde el “fichaje” del exdirectivo Soler como presidente del CSD para modificar la Ley del Deporte que evitara la condena del Barcelona por el caso Negreira que se avecinaba, prescripción de 3 años mediante, hasta la inestimable ayuda recibida hace escasos meses para permitir una inscripción a todas luces ilegal y rechazada incluso por RFEF y Liga. Hasta en el Gobierno parece existir una consigna para permitir que el club blaugrana pueda saltarse las leyes, evitar las consecuencias y esquivar las sanciones.
Lejos de generar esto inquina en el resto de equipos (salvo honrosas excepciones como Athletic y Sevilla), el resto de clubes parecen haber abrazado el relato en cuerpo y alma y aceptado su sino, sabedores quizás de que si un día sufren algún contratiempo ante el Barcelona y no hacen público su malestar, otro día serán recompensados y el río retornará a su cauce. Lo comido por lo servido.
Maestro experimentado de esto es Alguacil, otro sospechoso habitual que además vive con la esperanza de entrenar al club negreiro algún día. Independientemente de que me cuesta hacerme a la idea de que siga existiendo gente que siga siendo culé o simplemente teniendo simpatía por dicho club después de saberse todo lo que se sabe acerca de ellos, estaría bien no verse cegado por los colores a la hora de establecer un juicio arbitral sobre lo sucedido en un partido en el que el equipo más perjudicado fue claramente el rival. Comparar un fuera de juego posicional e interpretable en una jugada previa a la jugada que acabó en gol con todas las patadas que recibió Vini sin generar amarillas, la salvaje entrada de Olasagasti que no acabó en roja o el penalti no pitado por manotazo a la cara a Bellingham me parece una barbaridad incluso para culé consumado.
Sin embargo, Imanol lo suelta porque sabe cómo funciona este país y esta sociedad. Sabe que el relato ha calado y que el Barcelona ya ha ganado. Ha ganado porque, como narra Verbal en el epílogo de Sospechosos habituales: “el mayor truco del diablo fue convencer al mundo de que no existía”. El Barcelona respira tranquilo ante una sociedad anestesiada por el relato porque sabe que, haga lo que haga, no le importará a nadie. Sólo a nosotros.
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